Aún recuerdo esa sugerencia infame, con esa voz tan dulce diciendo; “…como en la vida, si juegas mal, perderás a tu reina.» ¡Jaque!

Por: Darío Cevallos

Editado por: Antonio Lecaro

Foto de elcofidencial.com

No existe un conocimiento claro del origen del juego como tal, más aún podemos citar un poema persa que aproxima muchísimo a la verificación real de cómo y cuando surgió. El poema Shahnameh, escrito por el poeta Fedrousi, que en español se puede traducir como “Libro de reyes”, hace evocación a una propuesta del imperio hindú a los persas. En él se estipula una oferta de rendición total si es que el rey persa conseguía una victoria en el tablero de ajedrez. Esto debido a que mostraría al mundo su superioridad intelectual.

Como éste, se han generado varios relatos y creencias del origen del juego como tal. Basándonos en las investigaciones que propone National Geographic, podemos establecer que el punto de desarrollo es indudablemente el continente asiático.


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Momentos del juego

Los campeonatos de carácter profesional son hoy en día muy comunes. Desde torneos locales hasta campeonatos mundiales y olímpicos, le dan a este deporte una trascendencia superior al de otros juegos de mesa.

Pero, ¿Qué pasa con la otra cara de la moneda? Con esos torneos ocultos, con esas mentes guerreras que libran verdaderas batallas sin precedentes e irrepetibles en la sombra. ¡Jaque! es la expresión que merece.

Será muy importante darle crédito a esos jugadores de hazañas implacables que han otorgado al mundo un espectáculo formidable jugando en las sombras, debido a que no estuvo un medio de comunicación para difundirlo al mundo entero.

Para muestra un botón.

La partida más épica de la historia de este deporte, la libraron el vigente campeón mundial de 1997 Gari Kaspárov contra la bien desarrollada máquina de IBM Deep Blue.

Para comprender cuán enorme era la expectación, bastaba con observar al público que abarrotaba cada tarde el Equitable Center, poco menos que el 100% aplaudía y animaba a Kaspárov. Quien jugaba con la bandera rusa y casi nadie al operador de IBM, sentado junto a la enseña de barras y estrellas.

Kaspárov perdió esa partida y, con ella, el control de sus nervios. Se obsesionó con que IBM le estaba haciendo trampas. Su sospecha era que algún gran maestro intervenía en el proceso de cálculo de la máquina en los momentos decisivos. La multinacional aprovechó muy bien esa debilidad psicológica para aumentar la crispación. Negándose repetidamente a publicar los procesos de cálculo de la computadora, como Kaspárov exigía todos los días.

Tras empatar los tres asaltos siguientes con un juego claramente inferior al suyo habitual, Kaspárov perdió la última porque tomó una decisión de alto riesgo en plena apertura que jamás hubiera tomado en condiciones de equilibrio nervioso. Hizo una jugada mala (la séptima) a sabiendas, convencido de que la base de datos de Deep Blue, que efectuaba los primeros movimientos de memoria, no incluía la refutación de ese error.

El superordenador construido por IBM Deep Blue derrotaba al campeón del mundo de ajedrez Gari Kaspárov por un total de 3½ a 2½ en un match al mejor de seis partidas.

Sin lugar a dudas, la mejor partida de todos los tiempos, nos deja un sabor amargo. Ese anhelo de ver victorioso al mejor de todos, al jugador que reinventó la forma de jugar al ajedrez. ¡Jaque mate!

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